El descubrimiento de la anatomía humana está íntimamente ligado a la anatomía artística. Se puede concretar más aún y afirmar que los conocimientos de la anatomía humana y la artística discurren paralelos a la historia del desnudo en el arte y en la vida cotidiana. Los griegos no tenían tanta necesidad de diseccionar cadáveres (pese a las vivisecciones de Herófilo de Calcedonia, quien trabajo en la helenística Alejandría en tiempos del Imperio romano), para efectuar representaciones figurativas del cuerpo humano como tuvieron que hacer mil quinientos años después los científicos-artistas del Renacimiento. Ya que los antiguos griegos, desde niños, contemplaban los desnudos de sus jóvenes atletas y de sus heteras. Sin embargo no debemos exagerar este vínculo.
La representación artística tiene su propia trayectoria, independiente de la trayectoria de la ciencia, a pesar de las indiscutibles coincidencias que se encuentran, como en los estudios de Leonardo. El ejemplo del desnudo griego lo pone de manifiesto: el kurós era un modelo de representación artística arcaizante y algo hierática, pero no un modelo de representación anatómica. La representación anatómica del kurós estuvo idealizada o esquematizada durante doscientos años, desde el Periodo Arcaico (650 a. C.) hasta Fidias y Praxíteles (ca. 450 a. C.), y el período del clasicismo helenístico que luego se extendió a las artes etruscas y romanas; en estas dos artes llama la atención la búsqueda en ocasiones de un descarnado realismo; los bustos etruscos y romanos eran inicialmente esculturas en terracota o en bronce que obtenían de los moldes de mascarillas funerarias ya que el paradigma de esas culturas era suponer que se preservaba algo de la vida del difunto al representar del modo más fiel posible sus facciones.
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